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Bifrontismo

Ser o no ser

Quiero ser....

Quiero ser árbol, porque los árboles son bellos, porque a la gente le gustan los árboles. Porque los árboles están ahí, viendo pasar el tiempo,viendo como suceden las cosas, inmunes a casi todo. Quiero ser árbol porque los árboles dan sombra, ayudan, cobijan, hacen el ambiente agradable, los árboles pueden servir de apoyo.

  

 

Quiero ser luna, porque la luna mira desde arriba, la luna no se involucra pero todo lo sabe. La luna es empática y comparte los más oscuros secretos de todo el mundo. La luna es mágica, por eso solo sale de noche, para que no descubran sus secretos. La luna es la compañera de los pocos Peter Panes que ya quedan. La luna también da cobijo e intimidad. La luna escucha paciente cuando alguien le habla, y comparte trabajo con sus compañeras las estrellas.

 

Quiero ser estrella, para compartir el cielo con la luna. Para verla de cerca y admirarla, para tratar de.... no, mi puesto está cogido, la luna ya tiene compañera de su vida. Yo, como estrella, moriré, pero la noche no. Ya lo dice la canción, y la noche se me adelantó. Aún así, quiero ser estrella, y compartir firmamento con la luna. Quiero cumplirle los deseos a las personas que me miren, quiero dar esperanza, quiero acompañar a los amantes e iluminar las noches de los campos abiertos.

 

 

Quiero ser música, para que la gente me escuche cuando suene. Quiero ser música para compartir mis sentimientos y trasmitírselos a los demás. Para que los demás compartan sus sentimientos conmigo. Quiero ser música para ayudar a relajar, porque la música acompaña y nunca muere. Quiero ser una música sin letra.

 

 

 

 

También quiero ser silencio, quiero ser cama, quiero ser perfume.....

 

Quiero ser y no soy.

Árboles

Voy mirando por la ventanilla del autobús camino de Madrid. El cambio de paisaje es radical, hay unos árboles... no sé como se llaman pero me gustan, me gusta mirarlos y pensar. Tan vacíos de todo y llenos de nada, pero enfrentándose a todo, desnudos pero firmes.

Están solos, rodeados de otros como ellos, y tal vez, precisamente por eso, solos. Alguna vez no lo estuvieron, y eran felices y nos estaban vacíos sino plenos y henchidos por dentro; pero ahora se resignan y persisten para que yo los vea y piense, sin permitirse el lujo de la nostalgia o la melancolía, aunque su imagen sea el vivo retrato de esta, y me suma en la más profunda de las tristezas.

Su belleza parece tan efímera... Su tronco estrecho, poblado de finísimas ramas que crujen con el viento, de secas, muerto todo pero lleno de vida. Y como es capaz de doblarse, que casi parece tocar el suelo y que hace pensar que en cualquier momento caerá por fin, inconsciente, muerto, abandonando sus desdichas y a sus compañeros de miserias, recordándome la felicidad del más o menos lejano final.